Obesidad:
PESQUISANDO LAS CAUSAS

Mejorando su agilidad:
UN PROGRAMA PARA LAS PIERNAS
Para el corazón, las arterias y las articulaciones:
PRACTIQUE EJERCICIO Y VUELVA A SER EL DE ANTES


-Al menos tres sesiones semanales de actividad física son indispensables para un buen físico.

Desde la época de las cavernas, el cuerpo humano posee una gran capacidad para realizar ejercicios físicos intensos. Sin embargo, la vida actual ha producido una reducción drástica de la actividad cotidiana, principalmente por el transporte motorizado y los sistemas automatizados de trabajo.

Tal tendencia hacia el sedentarismo ha sido perjudicial para el individuo, pues existe una directa relación entre la falta de ejercicio y el aumento de enfermedades. La actividad física mejora el perfil de lípidos de la sangre, mantiene la presión arterial dentro de límites seguros y controla el peso corporal. Además, contribuye al control de la diabetes y al mantenimiento de la densidad ósea en las personas de la tercera edad.

Por ello, los expertos enfatizan la importancia de practicar regularmente ejercicios. Una persona en buena forma física tiene mayor capacidad para tolerar las exigencias de la vida diaria, mientras que aquellas en mal estado se ven acosadas por la fatiga.

La recomendación básica es que los individuos emprendan un programa regular de ejercicio aeróbico consistente en tres a cinco sesiones semanales, de treinta a sesenta minutos cada una. El ejercicio debe provocar una frecuencia cardiaca situada entre el 50 y el 80 por ciento del máximo para cada individuo. La elección de la actividad dependerá del interés, de las posibilidades y de la edad de cada uno. Es conveniente una revisión médica general, especialmente en los adultos y en quienes presentan factores de riesgo conocidos, como los cardiópatas, los hipertensos, los diabéticos insulino-dependientes y los individuos con historial familiar de enfermedad coronaria prematura o con patologías óseas como la artritis.

En general, hay que comenzar a ejercitarse en forma gradual para ir incrementando la intensidad a lo largo de las jornadas sucesivas. Es posible que los músculos en que se localice el ejercicio estén rígidos o adoloridos durante un par de días. Tales molestias pasarán a medida que el cuerpo se adapte a los cambios. Cualquier dolor que se prolongue más allá del lapso señalado, debe ser evaluado por un médico.